viernes, 5 de junio de 2026

EL MUNDO EN EL QUE CRECISTE YA NO EXISTE.

     



Te despiertas súbitamente con un estruendoso ruido, el golpe metálico de la puerta de la camioneta de tu padre. Son casi las 7pm de aquel abril lluvioso, te ordena que bajes y entran junto a tu madre al videoclub. Una vez dentro la misma odisea de siempre, buscar una película que ver y que los convenza a todos, rentarla e ir a casa a relajarse. Después de lo que parecen horas en aquel lugar (probablemente 20 minutos), salen de ahí y se dirigen a casa, no sin antes pasar por una nieve de las “Bing’ y una pizza del “Pizza Hut”.

Casi las 9pm, todos en casa, con cobijas en el piso de la sala, se ponen a ver una película que parecía lo mas realista del mundo, Parque Jurásico. Entre el terror que te causaba por dentro y la pesadez de aquella cena, pierdes el hilo del tiempo, y luego la batalla contra Morfeo. Cuando reaccionas ya estas acostado mágicamente en tu cama, afuera el ruido de la lluvia y en tu cuarto entra el fresco viento, tienes 7 años, la vida es bella.

Dicen que recordar es volver a vivir, lo curioso es que en estos tiempos recientes  parece que nos pasamos gastando demasiada energía añorando el pasado: Modas, música, programas, libros, etcétera. Vivimos en una especie de limbo entre lo actual y lo que extrañamos, evolucionamos a pasos agigantados pero a la vez nos aferramos a un pasado que no logramos soltar, y aquí lo interesante es preguntarnos ¿Por qué?.

Tecnología: ¿Comodidad o Libertad? 

Con el paso de los años, los que somos del 2005 para atrás, hemos visto como el mundo tecnológico ha avanzado increíblemente rápido, pasamos de televisores gordos y feos a pantallas estéticas, planas y con 4k. Migramos de teléfonos fijos a los móviles, acabando en los benditos smartphones. Todo el poder de una computadora al alcance de tu mano, y no solo eso, con gadgets extras incluidos, para música, las cámaras y demás. 

Casi a la par, nos tocó observar como iban surgiendo las primeras redes sociales, una novedad que nos acercaba de manera digital a nuestros conocidos. No solo podíamos estar en contacto con costosos SMS, sino que podíamos enviar mensajes en MSN, compartir fotos en Metroflog o ir experimentando lo que era el Facebook al inicio y estar enterados de cualquier detalle de la vida de nuestros amigos y conocidos. 

En ese momento todo era miel sobre hojuelas, el Nirvana tecnológico con el que solo los escritores de ficción más versados habían soñado: un mundo interconectado. Pero eso, con el paso de los años, se corrompió, como todo aquello bonito que tenemos en la vida y que termina explotado por empresas con hambre de poder y dinero. Lo que un día fue la promesa de un mundo conectado para socializar, hoy es un algoritmo que solo se encarga de recomendarte basura para que no salgas de tu burbuja, todo con el fin de crearte una necesidad de consumo. Hoy ya ni siquiera ves a tus conocidos en tu feed, ves videos que te provocan necesidades que no sabias que tenias. Un reel viral en donde observas como corre un deportista famoso con los nuevos tenis de cierta marca, para que dos posts mas abajo te salga convenientemente un anuncio de los mismos. 

La trampa de la nostalgia

Entre todo ese tema de los algoritmos, la desconexion social generada, irónicamente por las redes sociales y el hecho de  llevar un ritmo tan acelerado, que premia mas la mediocridad inmediata que la calidad a largo plazo, nuestra mente se desgasta cada vez más. Es ahí donde en automático comenzamos a percibir que esta época moderna es molesta, que “ya no es lo mismo que antes”, es entonces cuando volteamos al pasado y vemos aquellos tiempos como algo mas puro y hermoso, y así caemos en la trampa.

Porque con esto también se aprovechan de nosotros, de la nostalgia de lo que un día fue pero ya no es. Que si películas, videojuegos, figuras, o coleccionables, sea lo que sea que tu infancia te brindó o te quedó a deber, ahora lo consigues al toque de dos enlaces en tu celular. Vemos niños de 30 y tantos años pagando miles de pesos por un álbum de cartas de fútbol, no aferrados al álbum per-sé, sino a una sensación que tuvieron años atrás y que creen que los va a rescatar de la monotonía de la vida actual. En esta utopía se convirtió el prometido sueño moderno, “Un mundo feliz”, propuso algún día el gran Huxley.

¿Y ahora, qué carajos hacemos?

Pareciera que la cosa no pinta muy alentadora, parece que estamos en una burbuja donde la vida se resume en tratar de encontrar una receta mágica que nos saque del suplicio que es la rutina, que nos haga olvidar lo miserable que es lo actual.

Pero es ahí mismo, en donde radican la cuestión y la solución. No es que la vida antes fuera color de rosa, es que existía otro ritmo. Un ritmo de vida que no te exigía presumir tu comida o un viaje en redes para validarte como persona, sino uno que te invitaba a disfrutar del instante con todos tus sentidos. El problema no son las redes sociales o la tecnología por si solas, sino que nos hemos esclavizado a ellas de una manera religiosa, permitiendo que dicten nuestra forma de actuar, pensar y de vivir.

No es que los tiempos pasados siempre sean mejores, es que quizá, dentro de nosotros lo que extrañamos no es mas que la tranquilidad con la que se vivía en aquellos años, la privacidad que teníamos, la paz que habitaba en nuestro espacio.

Tenemos el poder de cambiar la situación, por mas difícil que parezca, dejando un poco la dependencia de publicar todo y saliendo ahí fuera, yendo a caminar, saliendo a tocar pasto, ir a sentir el aire en las mejillas, es decir, reencontrando un aspecto de los que más nos distinguen de ser humanos: el poder apreciar el arte y lo hermoso en las cosas mas pequeñas de la vida.

Saludos.

 

 

 



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